domingo, 12 de abril de 2015

Como ninguno...

Era como ninguno. Era de esas personas que con mirarte, te hacían testigos de un mundo secreto, bello y prohibido. Jamás hablábamos, pero el amor era mutuo y constante. La última vez (y la primera) que le había oído decir palabra, había sido frente al altar, vistiendo un traje de gala negro, acompañado de una joven y bella mujer que vestía de color manteca. "Acepto". Fue el único segundo de mi vida en el que sentí que él no era él. Habían pasado 21 años, seguíamos viviendo juntos, seguíamos viéndonos a diario, seguíamos amándonos como aquel día frente al altar, y como los 17 meses anteriores al hecho.
Vivía contándole de mí, de mi día, de mi semana, de mi mes, de lo mucho que lo amaba. Él me miraba y sonreía. Tenía una sonrisa tan bella, tan blanca, tan perfecta. Podía sentir como acariciaba mi piel sólo con verle sonreír. Podía leer la palabra amor  en sus labios, podía sentirla en cada beso. Todo era perfecto, demasiado perfecto.
Era escritor, pasaba casi 10 horas diarias frente a una computadora escribiendo, sonriendo. Jamás leí ninguna de sus obras, tenía muchas, muchísimas, pero jamás las había presentado. En sus paredes había pintado Escribo porque amo la literatura, porque amo el arte de combinar palabras y formar un mundo. No escribo por dinero, no escribo para los demás, pero no voy a negar que amo que alguien más aprecie el universo que acarician mis libros. Sólo había publicado cuatro libros, que eran tan buenos, que incluso después de diez años, seguían generando tanto dinero que vivíamos como reyes. Me enamoré de él por sus palabras no dichas. Era el príncipe azul que nadie jamás había deseado, puesto que nadie lo había imaginado, era todo, todo lo que cualquiera pudiese querer. Me despertaba cada mañana con un beso en la frente y el desayuno en la cama, leía conmigo cada noche, me escuchaba, me quería... Era, era era... Era.
Quizás nunca me perdone a mí misma por lo que pasó, quizás este mundo está tan lleno de locos, psicópatas, dementes, hipócritas... Y yo, debo decir, que soy parte de este mundo. No tiene sentido, nada jamás lo tiene. Él era como ninguno. Lo extraño de a ratos, pero no importa, yo tomé esa decisión... El instrumento que lo trasladó al otro mundo, hará que yo lo acompañe allí...